viernes, 16 de febrero de 2024

MIÉRCOLES 14 DE FEBRERO 2024: ACEBUCHAL, PANIZO, MIRLO, PANDURO

 

Participantes: Luis, Blas, Miguel de Alhaurín, Pili, Paco Ponferrada, Enrique, Paco Hernando, Lily, Victoria, Antonio Usieto, Antonio Jiménez, Antonio de Fornes, Manolo y Jesús.

Distancia recorrida: 15 km.

Desnivel acumulado: 950 m.

Desayuno en la gasolinera de Nerja a las 8h. Excelente ubicación, buen servicio, mal pan, mal café y caro, a 4€.

Bienvenidos Victoria y Enrique. ¡Cuánto tiempo llevabais sin salir con el grupo! No lo dejéis tanto porque aportáis mucho al grupo.

A las 9 comenzábamos la caminata por el cauce del barranco del Acebuchal, ese cauce arenoso, uniforme, suavemente ascendente, rodeado de pinos carrascos, y constreñido en algunas partes por tajos pétreos. Disfrutamos de ese entorno tan agradable, con alguna zona de bosque de adelfas, carrizo y zarzas mantenidas a raya, sobre todo en la zona más húmeda poco antes de salir al carril de Páez Blanca.

Dejamos a un lado las ruinas de Venta Cebollero y por el barranco Cebollero nos internamos para tomar la sendita que sube a la pista entre los puertos Páez Blanca y Blanquillo. Esta sendita sube bastante empinada, estrechita, constreñida por la vegetación, fue un anuncio de lo que iba a ser norma en la caminata de hoy. Con la cuesta comenzamos a sudar y fueron sobrando capas de abrigo porque el día se presentaba muy agradable de temperatura.

Alcanzada la pista la tomamos a la izquierda, oeste, un breve trecho, hasta llegar a barranco Hondo donde están los hitos de comienzo de la senda al collado de los Civiles, nuestra senda para ir primero al cerro Panizo y después al collado de los Civiles.

La senda está poco marcada, en cambio tiene abundantes hitos de piedras que ayudan muchísimo a no perderla, sobre todo en esta primera parte donde el barranco Hondo es más llano. No esperábamos una senda tan clara y limpia de vegetación.

Sigue la senda siempre la cañada principal, la de barranco Hondo, subiendo fuertemente al norte, por el pedregoso cauce. La cuestecilla se hizo notar porque el pelotón de caminantes se estiró mucho aunque, de vez en cuando, se paraba para reagrupamiento. Más arriba la senda da un giro al oeste, se suaviza y se abre la vista al sur, hacia el valle recorrido y a los cerros del Venado, de Calixto, y sobre todo al enorme Fuerte de Frigiliana.

La senda se aproxima a la cresta que baja al sur, hacia el colmenar de Camacho, desde el enhiesto cerro Panizo. Por esos andurriales bajaba un rebañillo de cabras jóvenes como si caminasen por llano, y por allí la senda entra en una muy bonita y agreste zona con grandes peñascos a uno y otro lado, hasta dar vista al noroeste.

La senda va rodeando el altivo cerro Panizo hacia el collado de los Civiles. A la altura de unos peñascos hay que dejarla y trepar con dificultad, entre las rocas y las aulagas, para alcanzar la pétrea cima del Panizo. Las vistas hacia los cuatro puntos cardinales pagan con creces el esfuerzo de la subida. La sensación es que estás viendo todo el sur de la Almijara, desde la cresta superior en el Lucero hasta el mar, y desde el Cisne y Navachica hasta el pico de la Tejeda. Excelente mirador.

Vueltos de nuevo a la senda hemos entrado en uno de los dos tramos más difíciles del recorrido. La ladera norte del Panizo y la aproximación al collado de los Civiles tiene un suelo profundo y humedad lo que propicia un tupido matorral de romero y aulaga, impenetrable como no sea por la trochilla que marca la sendita que hemos tratado de no perder. Con pinchazos sin cuento y tropezones en los troncos de la maleza hemos progresado despacio, primero hasta un llanillo y luego hasta un colladito anterior al de los civiles. En ese colladillo el suelo cambia a dolomía y a partir de ahí la maleza ha dejado de ser un problema.

Del collado de los Civiles hemos bajado hacia el cortijo del Mirlo. En ese tramo nos hemos topado con un par de jóvenes caminantes extranjeros que parecían conocer a dónde se encaminaban. Debajo del cortijo del Mirlo hemos tenido la segunda dificultad importante. Es una zona que rezuma agua y las cañas, el carrizo, las zarzas y las adelfas dificultan mucho el paso hasta la pista del Daire, a la altura del arroyo Zarzalillo, que traía su constante chorro de agua.

En la fuente que el barranco del Mirlo tiene al llegar a la pista del Daire paramos a almorzar. Frescas cervezas y vinos en cantidad para pasar unos aperitivos a base de chacina, gambas y delicioso bonito en adobo. Vino después la ensalada, ensaladilla, los guisantes con huevo y el pulpo con pisto, y más adelante las carnes de pollo, filetillos tiernos, albóndigas y más cosas que olvido. Deliciosos quesos, una exquisita tarta de manzana y unos bomboncitos de San Valentín. Tés y orujos. ¿Qué más se puede pedir?

Quedaba por recorrer el largo trozo de pista hasta el puerto de Páez Blanca. En él hemos tomado el carrilillo que rodea el cerro Verde por el oeste para tomar luego la senda al collado Panduro, entre los cerros Verde y Panduro, que termina en el Acebuchal al lado de la iglesita.

En el trayecto a los coches hemos pasado por el bar del Acebuchal. Como aún estaba abierto hemos tomado unas ricas cervezas que nos han sabido a gloria.

Un maravilloso día, sin viento, un poquito nublado, con temperatura primaveral, y un recorrido exigente pero muy bonito por las vistas.

Recordar, una vez más, la necesidad de caminar en grupo si salimos en grupo. Si nos separamos creamos inquietud y desasosiego. No sirve de nada ir deprisa porque el grupo camina al ritmo de los más lentos.














En la cumbre del cerro Panizo




















Bombones de San Valentín





Las cervecitas para hidratar










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