Participantes: Fini, Antonio Muñoz, Rafa Lozano, Manolo Titos, Rafa Rueda, Miguel González, Manuel González, Manolo Díez, Lily, Antonio Jiménez, Antonio Usieto y Jesús.
Distancia recorrida: 6 km
Desnivel acumulado: 300 m
Desayuno en la plaza de Güéjar Sierra, con unas grandes medias tostadas, a 3€.
En la fuente de los 16 caños de
Güéjar nos reunimos granadinos y malagueños, en una mañana muy nublada con
llovizna durante las dos últimas horas. El objetivo principal del día era tomar
una olla de San Antón en el bar Trébol de Dúdar. Para hacer apetito habíamos
programado una excursión cortita por las cercanías de Dúdar. Como Sierra Nevada
estaba repletita de nieve, Muñoz decidió visitar el cerro Jarales, encima de
Güéjar.
Aunque el tiempo presagiaba
lluvia y escasa visibilidad por el nublado decidimos salir a caminar,
comenzando en el inicio de la pista a la Argumosa, por el collado de la
Trinchera. Carrileamos un poco y enseguida Muñoz nos sacó a una senda que iba
ascendiendo por la ladera este del Jarales, con vistas al llano del Gitano, a
la finca de la Argumosa, a los valles de Meazorras y Tintín y al cerro del
Calar, mientras teníamos sobre nosotros el picacho de los Jarales.
La primera parte de la subida
terminaba en la cresta que desde el Jarales baja al norte. Luego, con la cima
del cerro a la vista, subimos por esa cresta primero, al sur, y luego al oeste
hacia la cima.
Entre tanto el tiempo había
mejorado. El nublado se iba deshaciendo dejando al descubierto la cordillera de
Sierra Nevada desde la Alcazaba hacia el este, toda blanca, con las
prominencias de Vacares, Mojón Alto y el Picón de Jérez. Llegando a la cumbre dimos
vista al pueblo de Güéjar a vista de pájaro. Unas panorámicas excepcionales.
En la cúspide se ha construido un
observatorio de las estrellas, de piedra, de unos 3 m de altura, con agujeros
de observación de lado a lado en diferentes direcciones, y coronado por una
guirnalda de cuernos de cabra. Un tanto esotérico el observatorio.
De la cima volvimos sobre
nuestros pasos hasta la cresta donde habíamos llegado después del primer tramo.
Y desde esa cresta, hacia el norte, siguiendo la tría de las motos por una
empinadísima pendiente continuamos el descenso con cuidado de no resbalar y
sujetando el cuerpo a la vez que buscábamos apoyo estable para los pies.
El duro descenso terminó en un
carril que corta la ladera del Jarales. Desde allí tomamos al este por el
carril que iba al collado de la Trinchera donde habíamos principiado. Piso algo
fangoso por la lluvia, cómodo, aunque prestando atención a los charcos y al
barro.
Llegando a la Trinchera Muñoz nos
bajó a visitar dos de las lagunas de la Trinchera. Tienen agua en la primavera.
La más alta es la mayor, la segunda se ha acondicionado como balsa de riego y
la tercera ha desaparecido.
En los coches nos cambiamos de
calzado para no manchar demasiado los coches y partimos a Dúdar. A las 14h
estábamos aparcando en el Trébol.
El año pasado fue el primero que
tomamos olla de San Antón en el Trébol. Nos gustó mucho, por eso repetimos este
año. Comenzó el ágape con unos vinagrillos de guindilla, pepinillo y cebolla,
picantes, y una ensalada de naranja, huevo duro y bacalao. Es la forma
tradicional de comenzar la olla.
Vinieron después un par de
soperas rebosantes de caldo con judías, habas secas y arroz, y a continuación
la “pringá” con tocino, morro, oreja, morcilla, costilla, etc. Pusieron un par
de bandejas respetables que unos tomaron después del caldo y otros mezclada con
él. Todo en su punto de cocción. Riquísimo. Postres variados en los que predominó
la tarta de la abuela. Cafés, un poco de orujo, y muchísima conversación.
Cerramos el garito después de más de tres horas de almuerzo. Un señor almuerzo,
como debe ser para comenzar el año.
El día se presentaba muy mal con
las nubes y la lluvia, pero no fue óbice para que pasáramos un día estupendo.
La olla de San Antón habrá que instituirla para comenzar el año.




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