Participantes: Fini, Antonio
Muñoz, Lily, Paco Zambrana, Paco Hernando, Manolo, Lucía, Antonio Usieto,
Antonio Jiménez y Jesús.
Distancia recorrida: 7,5 km
Desnivel acumulado: 370 m
Desayuno en el bar Lozano de Alfacar. Buen pan con aceite, buen servicio y precio muy razonable, 20€ los 8 desayunos.
Después del paréntesis del verano
casi no nos habíamos puesto en marcha con las caminatas cuando tuvimos el
segundo paréntesis, el del viaje al sureste africano. Así que hoy nos tomamos
la salida como un primer contacto con la sierra. Además, era primer miércoles
de mes que lo solemos celebrar con una comida de restaurante.
Por la costa malagueña daban lluvias, no fuertes, pero constantes durante la mañana, lo que nos obligó a echar la vista al interior y a aprovechar para hacer un tramo de senda en el parque natural de Huétor que no lo habíamos registrado.
Partimos de los Llanos del
Fraile, del comienzo del carril desde la pista Llanos del Fraile-Prado Negro al
sanatorio de Doña Berta, por el pinar de pino resinero, subiendo con
tranquilidad el repechillo hasta el carril de la Alfaguara-Sanatorio. No llegamos
al Sanatorio, sino que tomamos enfrente el comienzo de la cañada de la Cuna,
descendiendo por el bosque.
El grupo iba tranquilo sabiendo
que la marcha era corta lo que propiciaba charlas continuas y más en el
descenso que se camina sin esfuerzo. Dejamos la cañada de la Cuna y nos
desviamos a la izquierda para comenzar a descender hacia el área recreativa de
la Fuente de la Teja. Este descenso, desde hace años, está muy malo porque el
agua que debía ir por la cañada se ha metido en la senda y la ha descarnado
mucho. Hubo que prestar atención a donde poníamos los pies para evitar
resbalones. Se nos hizo largo el descenso hasta que avistamos el amarillo de los
chopos del área recreativa.
La fuente que hizo el ICONA
echaba un buen chorro de agua, en cambio la antigua fuente de la Teja estaba
seca mientras el agua salía por debajo de la obrita de la fuente. Seguro que
costaría muy poco recanalizar el agua y que la antigua fuente volviera a su
ser.
El área recreativa se ha
desmantelado de mesas con la excusa del peligro que habría para los usuarios si
se produjera un fuego. Por ese miedo conseguiremos que la gente dé la espalda a
la sierra y no la conozca ni la conserve.
Un arce de Montpellier nos brindó
un fondo fotográfico perfecto con sus hojas rojas. Estaba precioso.
Tomamos la pista que sube hacia
los Llanos del Fraile, sólo un trecho, para dejarla poco más arriba por la
senda hacia la Majada del Púlpito. La llanurilla donde debió asentarse la
majada estaba preciosa, con un poquito de hierba verde a pesar de lo seco que
estaba todo. Incluso, bajo los pinos y cedros, nos brindó un par de champiñones
ya pasados. Allí Muñoz le presentó a Lucía “su cerezo”, el cerezo de Santa
Lucía, del cual hay varios ejemplares al pie de los tajos del Púlpito. En ese
mismo llano hicimos el Ángelus con las tortas de azúcar y de cabello de Ángel
compradas al efecto por Lucía en Alfacar.
Continuamos por la cañada entre
los cerros Garay a la derecha y Hoya del Esparto a la izquierda hasta encontrar
la pista Llanos del Fraile-Prado Negro que tomamos a la derecha un corto trecho
para subir al collado de la Majada del Puerto por donde la acequia de Fardes
pasa al valle del río Bermejo.
Este trozo que venía era la
exploración que queríamos hacer consistente en cruzar el cerro Hoya del Esparto
desde la Majada del Puerto hasta los Llanos del Fraile. Iniciamos el ascenso
por una pradera verde alegrada con las azules flores del azafrán montesino. Al
principio no hay senda marcada en la pradera, pero si se continúa un poquito
más arriba por la crestita del lomo enseguida aparece primero tenue y luego
bien marcada. Va bajo buenos ejemplares de encina y quejigo acercándonos a uno
grandes tajos, Tajos que luego esquiva por la izquierda ascendiendo con fuerza
hasta la Hoya del Esparto, una llanurilla entre los dos picos del cerro. La
senda desde aquí es si cabe más bonita que al principio porque está muy bien
marcada, va casi llana, y además de los pinos y los quejigos cambiando de color
están los roquedales blancos entre el bosque. Una delicia de senda.
Más adelante comienza a descender
entre el mismo paisaje de bosque y rocas hasta llegar a los Llanos del Fraile
precedidos por una enorme roca aislada a la que se ha dado el nombre del
Fraile, aunque ninguno le vimos la similitud. Al lado de los Llanos estaba la
pista y los coches aparcados al principio del carrilillo al Sanatorio. Fini y
Muñoz se despidieron porque tenían que recoger a su nieta a la salida del
colegio.
Muy placentera esta primera parte
de las actividades de hoy. Nos quedaban aún dos. Una, parar en Fuente Grande
para disfrutar del manantial y la segunda ir a almorzar.
La Fuente fue un bonito
descubrimiento para los que no la conocían. Tenía el encanto adicional de las
hojas otoñales de los plataneros flotando en la transparente agua.
El almuerzo lo reservamos en el
Horno de Víznar. Desde la Fuente seguimos la carreterita que va al pie de la
sierra hasta la parte alta de Víznar. Google Maps nos metió en el pueblo por
una bajada empinadísima hasta la iglesia y allí al lado estaba el restaurante
sin posibilidad alguna de aparcar. Descendimos un poco más gracias a la
cortesía de un chico del pueblo que dio marcha atrás con su coche y aparcamos.
La entrada al restaurante es
desconcertante porque te encuentras en un reducido espacio donde a la izquierda
está la cocina, a la derecha una mesita con unos parroquianos… y nada más. Con
la indicación del dueño llegamos a la escalera que conducía al comedor en la
primera planta.
Estábamos los 8 solos, con un
camarero, Álvaro, para nosotros. Pedimos morcilla y mollejas de cordero como
aperitivo. Morcilla no había y el dueño nos sacó un par de platos de arroz de
conejo. Nos chupamos los dedos con ambos platos.
Vinieron después las 5 raciones
de cochinillo asado al horno, en dos fuentes, troceado ya, y allí fuimos
pescando con el tenedor trozo tras trozo acompañándolo con las patatas y la
calabaza servida. Exquisito cochinillo con la piel crujiente y la carne
ternísima. De postre dos platitos con tarta de Santiago y helado de higo, mucho
mejor y más original el helado que la tarta.
Salimos contentísimos del
restaurante con la intención de volver en cuanto se presentara la ocasión.
¿Qué más se le puede pedir a un
primer miércoles de mes?

