Participantes: Paco Hernando, Antonio Jiménez, Antonio Usieto, Manolo y Jesús.
Distancia recorrida: 11,5 km
Desnivel acumulado: 360 m
Desayuno en el restaurante Los Naranjos de Melegís. Muy buen pan con aceite, café en taza grande. A 2,5€. Hacía tiempo que no veíamos un precio así.
Es costumbre salir los miércoles. Como el 8, miércoles, daban agua y llovió bien, cambiamos la salida al jueves. Los primeros miércoles de mes es costumbre almorzar en restaurante; el primer miércoles fue el día 1, miércoles santo, con desbandada general del personal, por eso celebramos el almuerzo hoy miércoles 8.
Lecrín lo forman los pueblos de Acequias, Béznar con su pedanía de Peloteos, Chite, Mondújar, Murchas y Talará. Es curioso que a esta zona se le llame Lecrín cuando no hay ningún pueblo ni ningún barranco o río con ese nombre. El vocablo parece provenir del árabe iqlim, distrito o región; esta zona de Lecrín era Iqlim Granata, el distrito o comarca de Granada, y de ahí derivó Lecrín.
Partimos del mirador de las
Alvirillas, frente al restaurante Los Naranjos, siguiendo al guía, a Manolo,
quien dudó un poco al principio para tomar el carril que nos bajara al embalse
de Béznar. Hubo que ir un poco al este por la carretera y luego por el primer
carril a la derecha comenzamos el descenso entre huertos de naranjos, limoneros
y olivos, casi todos incultos, lo que sería la tónica durante el recorrido.
Por este carril baja la ruta del
Azahar, un pequeño recorrido que aprovecha el aroma de las flores de los
cítricos. Encontramos muchos naranjos florecidos, haciendo honor al nombre de
la ruta, y muchos también con la fruta aún en el árbol sin recolectar.
El carril termina en la orilla
del embalse de Béznar, en otro que recorre la orilla. La ruta del azahar toma
ese carril al oeste y nosotros al este por la orilla del embalse que estaba a
rebosar, con Restábal y su campanario a la derecha y al sur el curioso tajo de
Peña Caballera.
El embalse estaba casi lleno, con
el agua llegando hasta la vegetación de la orilla, como un espejo solo
interrumpido por las olitas levantadas por los patos al nadar. Un auténtico
placer pasear por la orilla del embalse.
Cruzamos el barranco de Los
Hijones con su chorrito de agua y poco más allá llegamos a la puerta de los
Baños de Melegís. Nadie los conocía. Visitamos el reducido recinto de los baños
con dos piscinitas que tenían agua caliente. En la puerta de los baños está la
fecha de 2002, posiblemente la fecha en que se repararan, y ya están
arruinados, así que tuvieron una utilización muy efímera. No obstante, ahí
queda el manantial de agua caliente.
El carril que rodea el embalse se
convierte en senda en algún punto y va subiendo y bajando mientras lo rodea.
Una peninsulita separa dos cañadas que bajan desde el oeste de Chite y seguimos
hacia otra, esta muy prominente, tras la cual desemboca el barranco de Chite.
El recorrido sube por un
carrilillo a lo largo del valle del barranco de Chite, con un buen chorro de
agua, cruzando la corriente una y otra vez mediante vados de piedras, con un
gran acantilado en la margen izquierda ornado por varias chimeneas de hadas. A
lo largo del barranco grandes chopos blancos y negros, sauces, almeces, algunos
nogales, y, sobre todo, parcelitas incultas de cítricos que nos han servido
para tomar un Ángelus de naranjas. Muy bonito el entorno del barranco. Lo hemos
disfrutado.
Del barranco salimos a Chite, con
alguna gran casona, y de Chite a Talará. En la calle principal de Talará, poco
más allá del ayuntamiento, en el primer bar que encontramos, hemos parado a
tomar una cerveza, con su correspondiente tapa, de jamón sobre pan con aceite;
se nota que estamos en Granada. Hemos pegado la hebra con Antonio, el dueño,
que nos ha contado un poco de su vida y de los buenos tiempos de Lecrín, allá
por los 90, cuando sacaban mucho dinero de las naranjas y él hacia su agosto
con el bar de copas que tenía. Nos recomendó comer en el Garvín, a 20 m, el
restaurante de su familia, habas y choto.
De Talará hemos tomado por el
Camino Viejo de Murchas. Un descenso muy pronunciado nos bajó al valle del río
Torrente que viene desde la base del Caballo, por Nigüelas, con un buen caudal.
A la entrada de Murchas nos recibe una Virgen de los Desamparados. El pueblo,
blanco, limpio, con muy poca gente. Lo cruzamos y proseguimos descendiendo al
suroeste entre parcelas de cítricos, olivos y algunos aguacates.
Cruzamos de nuevo el Torrente y
ya en Melegís, paseamos el pueblo para visitar la iglesia y el lavadero antes
de aposentarnos en Los Naranjos a dar cuenta del almuerzo a las dos en punto.
Cerveza fresca con una tapa de
pisto; oreja, tomate, jamón y queso para compartir y luego un plato cada uno:
dos arroces caldosos con conejo, un bacalao a la naranja, unas manitas de cerdo
y un puchero de hinojo. Raciones desmesuradas. Para casi dos cada ración. Todo
muy rico acompañado de un Ramón Bilbao crianza. Excelente sitio para almorzar
con unas preciosas vistas al valle. No será la última vez que vengamos.


