Participantes: Pili, Paco Ponferrada, Miguel González, Lucía, Manolo, Paco Zambrana, Antonio Usieto y Jesús
Distancia recorrida: 15 km
Desnivel acumulado: 860 m
Desayuno en Los Rombos de Vélez. Buen pan y buen servicio.
Esto de las caminatas pasa como
con las cerezas, que tiras de unas y te llevas otras consigo. En el periodo de
lluvias que hemos tenido, aprovechando una mañana, hicimos una subida a Cerro
Beas. Y estando en la cima salió el comentario que quizá se podrían unir las
dos cimas contiguas, Benthomiz y Cerro Beas en una misma caminata.
Manolo, que no para preparando rutas, se quedó con la copla y a los pocos días ya había ideado una ruta circular que, partiendo de Arenas pasase por ambas cimas. Ayer decidimos materializarla.
Aparcamos en la carretera, en el
centro de Arenas, caminamos un poco hacia Daimalos para enseguida dejar la
carretera por el carril hormigonado con la indicación de Benthomiz. El carril
desciende a Río Seco, que hoy concretamente llevaba un buen chorro de agua,
para comenzar allí un ascenso continuado hasta la cima de Benthomiz.
Cogimos la caminata con ganas y,
a buen ritmo, dentro de nuestras posibilidades, encaramos la cuesta, muy
empinada a veces. Sólo nos detuvimos a tomar alguna foto de Arenas que lucía
precioso con su blancura rodeado de verde. Una pequeña charla con un agricultor
añoso y llegamos al Collado donde dejamos el carril principal para ir hacia la
izquierda, hacia la cima de Benthomiz.
Algunos del grupo era la primera
vez que subían a Benthomiz. Usieto se encargó de hacer de cicerone visitando
primero las murallas del este, las que dan a Sayalonga, y luego la cima con su
vértice y sus increíbles panorámicas. Lugar tan estratégico estaría seguramente
utilizado desde los primeros pobladores, aunque lo que hoy queda son cisternas
y murallas árabes.
Volvimos sobre nuestros pasos
hasta el Collado para subir al cerrillo al oeste y comenzar el descenso por la
cara oeste del cerro, primero por una sendita deshecha por el agua y luego por
un carrilillo hasta dar con un buen carril más o menos horizontal. Después de
un ratito de dudas Manolo nos llevó un poquito hacia el este, llaneando, y
luego por un carrilillo que descendía, se convertía en senda para llegar a una
balsa de riego y por un carril sin uso descender a otro buen carril, también
más o menos horizontal. Ese carril, hacia el suroeste es el que nos llevaría a
un puente para cruzar Río Seco. Y nos llevó, pero después de una larga caminata
entre casonas de campo.
En el río nos detuvimos a
descansar y a tomar el refrigerio del Ángelus antes de atacar el repechillo a
Cerro Beas, una continua subida muy empinada en esta parte cerca del río. El
primer hito era llegar a la carretera para tomar un carril hormigonado, justo
al otro lado, con una pendiente endiablada. No quedaba otra que agachar la
cabeza y seguir y seguir subiendo.
En un llanillo al lado de una
casa nueva nos tomamos un respiro y nos reagrupamos. Pronto continuamos carril
arriba, ahora carril terrizo para llegar al carril que desde Vélez sube a Cerro
Beas.
Unos metros antes de esa
confluencia Jesús se sintió indispuesto. Lucía y Pili, el equipo sanitario, lo
tumbaron en el suelo, le dieron agua fresca con limón y lo dejaron reposar.
Mientras, a la terraza de la casa de enfrente, había salido Tony que nos ofreció
los limones que quisiéramos y, un poco a regañadientes, también se ofreció a
bajar a Jesús a Vélez. Con este incidente se abandonó la idea de seguir a Cerro
Beas y se decidió bajar a almorzar un poco más abajo
Al rato Jesús se recuperó
bastante como para descender sin mochila a la casa del llanillo donde habíamos
decidido almorzar. Paco Ponferrada cargó con su mochila y la de Jesús.
En estas situaciones siempre hay
distintos pareceres. Una era que después de comer el grupo siguiera hacia Arenas
mientras Jesús esperaba en la carretera el regreso con los coches. Pero había
otra que era buscar un transporte hasta Arenas y traer un coche hacia el sitio
donde nos encontrábamos. Usieto y Zambrana pusieron en marcha esta idea
pidiéndole a Tony que los llevara a Arenas; como Tony se negó llamaron un taxi de
Vélez que los llevó a Arenas y trajeron el coche de Usieto un poquito por
debajo de la casita donde habíamos parado al almuerzo.
El almuerzo fue muy largo porque
Usieto y Zambrana tardaron casi una hora en volver y unirse al ágape del grupo.
Jesús no tenía ningún apetito. Se tumbó bajo un olivillo y descabezo un sueño
del cual salió recuperado.
Cuando nos disponíamos a reanudar
el descenso llegó en un coche el dueño de la casa. Simpatiquísimo. Era herrero
y había hecho toda la rejería de la casa. Nos enseñó su bañera hecha con una
gran tinaja, su cama, su mascota, un hurón, y si por él hubiera sido aún
estaríamos de cháchara.
En el coche de Usieto marcharon
Usieto y Jesús a Torre del Mar y el resto continuaron caminando a Arenas.
NOTA:
Para regresar a Arenas, no
queríamos caminar por la carretera, así es que bajamos de nuevo al río
desandando el camino, lo cruzamos e iniciamos la subida por el mismo carril por
donde habíamos bajado, pero recorridos unos metros lo abandonamos para tomar a
la izquierda, otro carril de tierra que va paralelo al río. No teníamos claro
donde acababa el carril, porque a Arenas no llegaba, pero nos aventuramos para
no tener que subir al carril de arriba. Después de recorrer un km, el carril se
acabo justo llegando al río. El dueño de un almacén que estaba al final del
carril nos indicó que cruzáramos el río y subiéramos hacia la carretera por una
fuerte pendiente y eso hicimos.
Tuvimos que caminar casi dos kilómetros por la carretera para llegar a Arenas. El bar ya estaba cerrado y nos quedamos sin la reconstituyente cerveza.

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