viernes, 13 de febrero de 2026

MIÉRCOLES 11 DE FEBRERO DE 2026: ÍTRABO, NACIMIENTO, GUINDALERA, CASTAÑO DE JURITE

Participantes: Miguel González, Manolo, Lily, Paco Zambrana, Antonio Jiménez, Antonio Usieto y Jesús.

Distancia recorrida: 16 km.

Desnivel acumulado: 780 m 

Desayuno en el Bar Las Cumbres en la carretera a Molvízar. Buena atención y buen pan. A 3€.

Después de 10 días de lluvia estábamos deseosos de salir. Nos inclinamos por la excursión de Ítrabo a La Guindalera para que pudieran venir Fini y Antonio Muñoz, nuestros compañeros granadinos, aunque por desgracia sus labores de abuelos no les permitieron participar.

En Ítrabo hay un gran aparcamiento a la entrada del pueblo y otro en la parte de arriba. Este último nos hubiera ahorrado unas buenas cuestas, pero preferimos cruzar el pueblo para conocerlo siquiera un poco. Del aparcamiento entramos en la calle del pueblo que va hacia arriba, al norte, y de una calle, pasamos a otra, a otra… muchas, una tras otra, todas en cuesta ascendente, así que las indicaciones para entrar y salir del pueblo son ir de una calle a otra siguiendo la máxima pendiente.

Dejamos las casas siguiendo una pista hormigonada hacia el Nacimiento por donde se ha trazado también el sendero PR-A 52 Ítrabo-La Guindalera. Esta pista viene nominada en los mapas como Camino Antiguo de Guájar, lleva a la derecha el profundo valle del barranco de Ítrabo y a los lados, de tanto en tanto, algunos almendros que encontramos en plena floración.

Los repechos eran constantes y fuertes, y claro, en una mañana más bien calurosa pronto sobró toda la ropa de abrigo y hasta cayeron algunas gotas de sudor.

Del barranco de Ítrabo subía el ruido del agua. Llevaba un buen caudal y de vez en cuando había algunos saltos, dos de los cuales los avistamos desde la pista, el segundo bastante alto, bajo una presa de contención ya cerca del Nacimiento.

En el Nacimiento se unen el agua que trae el arroyo del Nacimiento con la que sale del manantial. ¡Qué gozo de agua! Hipnotiza ese caudal discurriendo presuroso. Hay en el Nacimiento una zona hormigonada con dos mesas de obra y sus bancos. Manolo decía que allí habían almorzado la última vez que pasaron, mas hoy el suelo estaba encharcado, dificultando el aprovechamiento de esas mesas. Manolo no renunció tan fácilmente al restaurante. Con el bastón desatascó un mechinal que había junto a la primera mesa, el agua comenzó a correr, aunque entraba por arriba.

Dejamos ahí el desatoro y continuamos nuestra ruta cruzando el arroyo del Nacimiento por una zona estrecha. Abandonamos el camino principal y tomamos por una pista terriza hacia el mirador de Bodíjar donde hicimos una parada con las consiguientes fotos teniendo como fondo las blancas casas de Ítrabo. Un poco más adelante hay un área recreativa con mesas y pinos, aunque con bastante malas vistas y mucho viento. Poco nos detuvimos en este segundo mirador y continuamos por la pista terriza dejando la principal al puerto de La Guindalera por una a la derecha que nos llevaría al mismo punto por un recorrido un poco más largo, más suave y desconocido.

En esta parte del recorrido íbamos por la ladera sur, protegidos del viento, con desniveles llevaderos y, sobre todo, amenizados por los almendros. Aquí no es que los hubiera sólo a la vera del camino, eran parcelas enteras vestidas totalmente de blanco o de rosa. Un trayecto muy agradable por las cabeceras de los barrancos del Pueblo y del Minchar, ambos hacia Molvízar.

Cuando dimos vista a Sierra Nevada paramos al Ángelus aprovechando un ribazo al sur que nos protegía del viento. Un ratito de descanso nos vino estupendamente. Desde allí al vértice de La Guindalera quedaban menos de 50 m de desnivel. Y entre las casas abandonadas de la cresta llegamos a la parte alta, aunque no al vértice de La Guindalera porque hemos estado tantas veces que no ofrece ya ningún atractivo.

De la cresta, por entre las nuevas parcelas de Calvente, bajamos a visitar el castaño de Jurite. Este espécimen siempre merece una visita por su enorme copa, por sus ramas acodadas hacia el suelo y por el perfecto dibujo arlequinado de su potentísimo tronco.

Del castaño seguimos el trayecto por la zona de Jurite, a piso casi llano por la ladera norte de La Guindalera desde donde bajaba un chorro de agua por cada cañada a engordar el barranco de Rendate.

Del puerto de La Guindalera tomamos el camino hacia Molvízar-Ítrabo hasta una cañada que va al Nacimiento con un buen chorro de agua donde tomamos a la derecha, descendiendo, hacia Ítrabo.

Algunos hubiéramos parado a comer en algún llanito soleado al lado del camino, pero Manolo y Usieto bajaban los primeros, a buena marcha, hacia las mesas del Nacimiento.

El drenaje que hizo Manolo al subir había funcionado y teníamos el suelo de las mesas casi seco. Nos sentamos a una de ellas y, con parsimonia, comenzó el ágape.

Tuvimos chacina de chorizo, cecina, longaniza, dos tipos de jamón y sardinas en aceite como aperitivo, con unas cuantas cervezas frescas, más de las que pudimos beber. Pasamos después a la calabaza como transición a las carnes de ternera con alcachofas, filetillos tiernos y solomillo al ajillo. Tuvimos que estirar las dos exiguas botellitas de vino para que nos llegara algo a los quesos, y terminamos con chocolate, té y orujo.

El recorrido que quedaba al pueblo, duro por la subida matutina, era ahora llevadero a la bajada. Íbamos con la idea de tomar un refresco en el pueblo, y en el primer garito que vimos, el bar A Ca Salva, nos sentamos en la terraza para tomar refrescos y cafés.

Un excelente día marcado por el agua del Nacimiento y de la que bajaba por las cañadas, y por la espléndida floración de los almendros. Hubo alguna sugerencia de subir algún día al cerro de Bodíjar, pero más vale no recordarla porque el cerro no tiene un triste árbol ni senda a la cima.

La Ruta
En Ítrabo



Área Recreativa del Nacimiento

Ïtrabo desde el Mirador


Los efectos del viento


Molvízar y Salobreña
Cruzando un desprendimiento de tierra por la lluvia
Llegando al castaño centenario de Jurite
Guájar-Faragüit








Desprendimientos por las lluvias




miércoles, 21 de enero de 2026

MARTES 20 DE ENERO DE 2026: MOCLINEJO, PIEDRAS BLANCAS, SANTÓN PITAR

 Participantes: Lucía, Lily, Manolo, Antonio Usieto y Jesús.

Distancia recorrida: 18,7 km

Desnivel acumulado: 860 m

Pili y Paco Ponferrada se apuntaron a la ruta. Tuvieron un pinchazo en el coche cerca de Rincón de la Victoria y tuvieron que volver a casa; los echamos de menos.

Desayuno en el bar Reyes, en la plaza de Moclinejo. Pulguitas, pitufos y molletes, con aceite y tomate. Servicio muy amable.

A la entrada de Moclinejo hay un gran aparcamiento desde donde partimos por unas empinadas callecitas al norte que nos llevaron a la fuente del Chorro donde han hecho de nueva planta un lavadero y una fuente con azulejos. Parece que en este lugar se encontraba el lavadero público tradicional, aunque de ello nada queda.

De la fuente tomamos la pista hacia Rincón, sólo hasta la cima de la colina, porque allí nos desviamos al norte hacia el cerro de Piedras Blancas. En la subida desde la fuente se tienen unas muy bonitas vistas de Moclinejo y su entorno con la Tejeda de fondo.

Paramos un momento en el vértice geodésico de Piedras Blancas para hacer las consabidas fotos y continuamos al norte, ahora descendiendo, por el camino de Las Tapias hasta encontrar la importante pista nominada como Camino de Antequera o vereda ganadera de Totalán y Málaga. Esta pista conecta por las crestas las carreteras de Olías a Comares, al oeste, con la de Cajíz a Iznate, al este.

Tomamos el camino de Antequera al oeste teniendo al frente el cerro de Santón Pitar coronado de antenas. Todo este trayecto por la cresta tiene unas excelentes panorámicas tanto al norte como al sur. En esta época de invierno todo el campo, con sus tremendas laderas, está verde mientras la cima de la Tejeda tenía una capita de nieve. Son impresionantes las laderas en las que están los viñedos. Es punto menos que imposible trabajarlas.

La mañana, que había amanecido soleada y sin viento, comenzó a cambiar arreciando el viento frío del noroeste que en la cresta pegaba bien. Por eso nos parecían tan agradables los taludes de la pista cuando nos protegían del viento.

Desde la pista teníamos ante nosotros el Santón Pitar y la carretera cortando la ladera, todo mucho más alto que nuestra posición. Había alguna vereda de motos por las crestas, pero decidimos olvidarlas por su gran pendiente y seguimos por la pista rodeando la Venta de Cárdenas, donde había un muchacho sarmentando, hasta dar con la carretera.

Seguimos la carretera hacia Comares un corto trecho y en el puerto de Santopitar la dejamos para iniciar la subida al cerro. Primero por una senda pedregosa y con mal piso y luego por la pista asfaltada que sube a las antenas.

En la cúspide de Santón Pitar soplaba el viento de lo lindo. Estuvimos arriba el tiempo justo para hacer unas fotos y comenzar el descenso buscando la protección de los taludes y de las encinas.

En la bibliografía este cerro aparece con las denominaciones de Santón Pitar y Santopitar indistintamente. El origen del nombre es confuso. Una leyenda dice que en el monte habitaba un santón que con una caracola llamaba a la oración; la gente decía “el santón pita” y de ahí derivaría el nombre. También se dice que podría derivar del mozárabe Sanctu Petru, transformándose a lo largo del tiempo en Santo Pitar.

Descendimos por el camino de ascenso, dejamos la carretera y un poco más abajo, en la casa del Lagar Nuevo de Granadilla, encontramos acomodo para el almuerzo, al sol y protegidos del viento. Nos lo tomamos con calma. Primero tuvimos chacina de chorizo, longaniza, cecina, paté y jamoncito que pasamos con unas ricas cervezas y un vinito blanco de Chardonay. Tuvimos después habas y competición de tortillas, con y sin cebolla, y filetillos tiernos, acompañados de un tinto de Mencía. Hubimos de alargar el tinto para los quesos de Gruyere y Camembert y terminamos con un poquito de orujo. Excelente comida. Echamos en falta el té que Pili-Paco seguro traían.

Descendimos del Lagar Nuevo, dejamos a la izquierda la pista a El Borge, y continuamos al este por la cresta, con el viento parcialmente amainado. Antes de llegar a Piedras Blancas tomamos una pista hormigonada que bajaba a Moclinejo directamente con una pendiente endiablada. Dejamos las mochilas en el coche y nos acercamos al bar Reyes a tomar un refresco antes de partir.

Día soleado, muy ventoso y con el viento frío. Recorrido bonito por las preciosas panorámicas a la Axarquía.

La Ruta
La fuente del Chorro
El camino del Rincón cortado por un corrimiento de tierra
Moclinejo
En el cruce al Rincón
Llegando al vértice geodésico
Vértice geodésico de Piedras Blancas (680 m)
Viñedos y casitas en la intrincada Axarquía
En frente nuestro destino


Olías, las Tetas de San Antón y Málaga desde el Santón Pitar
Vértice geodésico de Santón Pitar (1018 m)

Bajando con Vélez Málaga al fondo
El recorrido de vuelta por la cresta

El Borge, Canillas de Aceituno y la Tejeda


Llegando a Moclinejo
La fuente en la Casa de Cultura






















sábado, 17 de enero de 2026

MIÉRCOLES 14 DE ENERO DE 2026: GÜEJAR SIERRA, CERRO JARALES (OLLA DE SAN ANTÓN)

Participantes: Fini, Antonio Muñoz, Rafa Lozano, Manolo Titos, Rafa Rueda, Miguel González, Manuel González, Manolo Díez, Lily, Antonio Jiménez, Antonio Usieto y Jesús.

Distancia recorrida: 6 km

Desnivel acumulado: 300 m

Desayuno en la plaza de Güéjar Sierra, con unas grandes medias tostadas, a 3€.

En la fuente de los 16 caños de Güéjar nos reunimos granadinos y malagueños, en una mañana muy nublada con llovizna durante las dos últimas horas. El objetivo principal del día era tomar una olla de San Antón en el bar Trébol de Dúdar. Para hacer apetito habíamos programado una excursión cortita por las cercanías de Dúdar. Como Sierra Nevada estaba repletita de nieve, Muñoz decidió visitar el cerro Jarales, encima de Güéjar.

Aunque el tiempo presagiaba lluvia y escasa visibilidad por el nublado decidimos salir a caminar, comenzando en el inicio de la pista a la Argumosa, por el collado de la Trinchera. Carrileamos un poco y enseguida Muñoz nos sacó a una senda que iba ascendiendo por la ladera este del Jarales, con vistas al llano del Gitano, a la finca de la Argumosa, a los valles de Meazorras y Tintín y al cerro del Calar, mientras teníamos sobre nosotros el picacho de los Jarales.

La primera parte de la subida terminaba en la cresta que desde el Jarales baja al norte. Luego, con la cima del cerro a la vista, subimos por esa cresta primero, al sur, y luego al oeste hacia la cima.

Entre tanto el tiempo había mejorado. El nublado se iba deshaciendo dejando al descubierto la cordillera de Sierra Nevada desde la Alcazaba hacia el este, toda blanca, con las prominencias de Vacares, Mojón Alto y el Picón de Jérez. Llegando a la cumbre dimos vista al pueblo de Güéjar a vista de pájaro. Unas panorámicas excepcionales.

En la cúspide se ha construido un observatorio de las estrellas, de piedra, de unos 3 m de altura, con agujeros de observación de lado a lado en diferentes direcciones, y coronado por una guirnalda de cuernos de cabra. Un tanto esotérico el observatorio.

De la cima volvimos sobre nuestros pasos hasta la cresta donde habíamos llegado después del primer tramo. Y desde esa cresta, hacia el norte, siguiendo la tría de las motos por una empinadísima pendiente continuamos el descenso con cuidado de no resbalar y sujetando el cuerpo a la vez que buscábamos apoyo estable para los pies.

El duro descenso terminó en un carril que corta la ladera del Jarales. Desde allí tomamos al este por el carril que iba al collado de la Trinchera donde habíamos principiado. Piso algo fangoso por la lluvia, cómodo, aunque prestando atención a los charcos y al barro.

Llegando a la Trinchera Muñoz nos bajó a visitar dos de las lagunas de la Trinchera. Tienen agua en la primavera. La más alta es la mayor, la segunda se ha acondicionado como balsa de riego y la tercera ha desaparecido.

En los coches nos cambiamos de calzado para no manchar demasiado los coches y partimos a Dúdar. A las 14h estábamos aparcando en el Trébol.

El año pasado fue el primero que tomamos olla de San Antón en el Trébol. Nos gustó mucho, por eso repetimos este año. Comenzó el ágape con unos vinagrillos de guindilla, pepinillo y cebolla, picantes, y una ensalada de naranja, huevo duro y bacalao. Es la forma tradicional de comenzar la olla.

Vinieron después un par de soperas rebosantes de caldo con judías, habas secas y arroz, y a continuación la “pringá” con tocino, morro, oreja, morcilla, costilla, etc. Pusieron un par de bandejas respetables que unos tomaron después del caldo y otros mezclada con él. Todo en su punto de cocción. Riquísimo. Postres variados en los que predominó la tarta de la abuela. Cafés, un poco de orujo, y muchísima conversación. Cerramos el garito después de más de tres horas de almuerzo. Un señor almuerzo, como debe ser para comenzar el año.

El día se presentaba muy mal con las nubes y la lluvia, pero no fue óbice para que pasáramos un día estupendo. La olla de San Antón habrá que instituirla para comenzar el año.


La Ruta









El Ovoo de la cumbre de los Jarales, es un mojón chamánico con origen en Mongolia y que aquí además sirve como marcador del movimiento de la tierra mirando por las ventanas.
ventana para ver el movimiento de la tierra












La fuente de los 16 Caños
Comiendo la Olla de San Antón en el restaurante el Trébol de Dúdar