PARTICIPANTES: Lily, A. Usieto, A. Jiménez, Jesús C, Paco Z, Miguel G, Manuel D.
RECORRIDO: 16 Km con desnivel acumulado de 780 m.
PARTICIPANTES: Lily, A. Usieto, A. Jiménez, Jesús C, Paco Z, Miguel G, Manuel D.
RECORRIDO: 16 Km con desnivel acumulado de 780 m.
Participantes: Lucía, Lily, Manolo, Antonio Usieto y Jesús.
Distancia recorrida: 18,7 km
Desnivel acumulado: 860 m
Pili y Paco Ponferrada se apuntaron a la ruta. Tuvieron un pinchazo en el coche cerca de Rincón de la Victoria y tuvieron que volver a casa; los echamos de menos.
Desayuno en el bar Reyes, en la plaza de Moclinejo. Pulguitas, pitufos y molletes, con aceite y tomate. Servicio muy amable.
A la entrada de Moclinejo hay un
gran aparcamiento desde donde partimos por unas empinadas callecitas al norte
que nos llevaron a la fuente del Chorro donde han hecho de nueva planta un
lavadero y una fuente con azulejos. Parece que en este lugar se encontraba el
lavadero público tradicional, aunque de ello nada queda.
De la fuente tomamos la pista
hacia Rincón, sólo hasta la cima de la colina, porque allí nos desviamos al
norte hacia el cerro de Piedras Blancas. En la subida desde la fuente se tienen
unas muy bonitas vistas de Moclinejo y su entorno con la Tejeda de fondo.
Paramos un momento en el vértice
geodésico de Piedras Blancas para hacer las consabidas fotos y continuamos al
norte, ahora descendiendo, por el camino de Las Tapias hasta encontrar la
importante pista nominada como Camino de Antequera o vereda ganadera de Totalán
y Málaga. Esta pista conecta por las crestas las carreteras de Olías a Comares,
al oeste, con la de Cajíz a Iznate, al este.
Tomamos el camino de Antequera al
oeste teniendo al frente el cerro de Santón Pitar coronado de antenas. Todo
este trayecto por la cresta tiene unas excelentes panorámicas tanto al norte
como al sur. En esta época de invierno todo el campo, con sus tremendas laderas,
está verde mientras la cima de la Tejeda tenía una capita de nieve. Son
impresionantes las laderas en las que están los viñedos. Es punto menos que
imposible trabajarlas.
La mañana, que había amanecido
soleada y sin viento, comenzó a cambiar arreciando el viento frío del noroeste
que en la cresta pegaba bien. Por eso nos parecían tan agradables los taludes
de la pista cuando nos protegían del viento.
Desde la pista teníamos ante
nosotros el Santón Pitar y la carretera cortando la ladera, todo mucho más alto
que nuestra posición. Había alguna vereda de motos por las crestas, pero
decidimos olvidarlas por su gran pendiente y seguimos por la pista rodeando la
Venta de Cárdenas, donde había un muchacho sarmentando, hasta dar con la
carretera.
Seguimos la carretera hacia
Comares un corto trecho y en el puerto de Santopitar la dejamos para iniciar la
subida al cerro. Primero por una senda pedregosa y con mal piso y luego por la
pista asfaltada que sube a las antenas.
En la cúspide de Santón Pitar
soplaba el viento de lo lindo. Estuvimos arriba el tiempo justo para hacer unas
fotos y comenzar el descenso buscando la protección de los taludes y de las
encinas.
En la bibliografía este cerro
aparece con las denominaciones de Santón Pitar y Santopitar indistintamente. El
origen del nombre es confuso. Una leyenda dice que en el monte habitaba un
santón que con una caracola llamaba a la oración; la gente decía “el santón
pita” y de ahí derivaría el nombre. También se dice que podría derivar del
mozárabe Sanctu Petru, transformándose a lo largo del tiempo en Santo Pitar.
Descendimos por el camino de
ascenso, dejamos la carretera y un poco más abajo, en la casa del Lagar Nuevo
de Granadilla, encontramos acomodo para el almuerzo, al sol y protegidos del
viento. Nos lo tomamos con calma. Primero tuvimos chacina de chorizo, longaniza,
cecina, paté y jamoncito que pasamos con unas ricas cervezas y un vinito blanco
de Chardonay. Tuvimos después habas y competición de tortillas, con y sin
cebolla, y filetillos tiernos, acompañados de un tinto de Mencía. Hubimos de
alargar el tinto para los quesos de Gruyere y Camembert y terminamos con un
poquito de orujo. Excelente comida. Echamos en falta el té que Pili-Paco seguro
traían.
Descendimos del Lagar Nuevo,
dejamos a la izquierda la pista a El Borge, y continuamos al este por la
cresta, con el viento parcialmente amainado. Antes de llegar a Piedras Blancas
tomamos una pista hormigonada que bajaba a Moclinejo directamente con una
pendiente endiablada. Dejamos las mochilas en el coche y nos acercamos al bar
Reyes a tomar un refresco antes de partir.
Día soleado, muy ventoso y con el
viento frío. Recorrido bonito por las preciosas panorámicas a la Axarquía.
Participantes: Fini, Antonio Muñoz, Rafa Lozano, Manolo Titos, Rafa Rueda, Miguel González, Manuel González, Manolo Díez, Lily, Antonio Jiménez, Antonio Usieto y Jesús.
Distancia recorrida: 6 km
Desnivel acumulado: 300 m
Desayuno en la plaza de Güéjar Sierra, con unas grandes medias tostadas, a 3€.
En la fuente de los 16 caños de
Güéjar nos reunimos granadinos y malagueños, en una mañana muy nublada con
llovizna durante las dos últimas horas. El objetivo principal del día era tomar
una olla de San Antón en el bar Trébol de Dúdar. Para hacer apetito habíamos
programado una excursión cortita por las cercanías de Dúdar. Como Sierra Nevada
estaba repletita de nieve, Muñoz decidió visitar el cerro Jarales, encima de
Güéjar.
Aunque el tiempo presagiaba
lluvia y escasa visibilidad por el nublado decidimos salir a caminar,
comenzando en el inicio de la pista a la Argumosa, por el collado de la
Trinchera. Carrileamos un poco y enseguida Muñoz nos sacó a una senda que iba
ascendiendo por la ladera este del Jarales, con vistas al llano del Gitano, a
la finca de la Argumosa, a los valles de Meazorras y Tintín y al cerro del
Calar, mientras teníamos sobre nosotros el picacho de los Jarales.
La primera parte de la subida
terminaba en la cresta que desde el Jarales baja al norte. Luego, con la cima
del cerro a la vista, subimos por esa cresta primero, al sur, y luego al oeste
hacia la cima.
Entre tanto el tiempo había
mejorado. El nublado se iba deshaciendo dejando al descubierto la cordillera de
Sierra Nevada desde la Alcazaba hacia el este, toda blanca, con las
prominencias de Vacares, Mojón Alto y el Picón de Jérez. Llegando a la cumbre dimos
vista al pueblo de Güéjar a vista de pájaro. Unas panorámicas excepcionales.
En la cúspide se ha construido un
observatorio de las estrellas, de piedra, de unos 3 m de altura, con agujeros
de observación de lado a lado en diferentes direcciones, y coronado por una
guirnalda de cuernos de cabra. Un tanto esotérico el observatorio.
De la cima volvimos sobre
nuestros pasos hasta la cresta donde habíamos llegado después del primer tramo.
Y desde esa cresta, hacia el norte, siguiendo la tría de las motos por una
empinadísima pendiente continuamos el descenso con cuidado de no resbalar y
sujetando el cuerpo a la vez que buscábamos apoyo estable para los pies.
El duro descenso terminó en un
carril que corta la ladera del Jarales. Desde allí tomamos al este por el
carril que iba al collado de la Trinchera donde habíamos principiado. Piso algo
fangoso por la lluvia, cómodo, aunque prestando atención a los charcos y al
barro.
Llegando a la Trinchera Muñoz nos
bajó a visitar dos de las lagunas de la Trinchera. Tienen agua en la primavera.
La más alta es la mayor, la segunda se ha acondicionado como balsa de riego y
la tercera ha desaparecido.
En los coches nos cambiamos de
calzado para no manchar demasiado los coches y partimos a Dúdar. A las 14h
estábamos aparcando en el Trébol.
El año pasado fue el primero que
tomamos olla de San Antón en el Trébol. Nos gustó mucho, por eso repetimos este
año. Comenzó el ágape con unos vinagrillos de guindilla, pepinillo y cebolla,
picantes, y una ensalada de naranja, huevo duro y bacalao. Es la forma
tradicional de comenzar la olla.
Vinieron después un par de
soperas rebosantes de caldo con judías, habas secas y arroz, y a continuación
la “pringá” con tocino, morro, oreja, morcilla, costilla, etc. Pusieron un par
de bandejas respetables que unos tomaron después del caldo y otros mezclada con
él. Todo en su punto de cocción. Riquísimo. Postres variados en los que predominó
la tarta de la abuela. Cafés, un poco de orujo, y muchísima conversación.
Cerramos el garito después de más de tres horas de almuerzo. Un señor almuerzo,
como debe ser para comenzar el año.
El día se presentaba muy mal con
las nubes y la lluvia, pero no fue óbice para que pasáramos un día estupendo.
La olla de San Antón habrá que instituirla para comenzar el año.