Participantes: Miguel González, Manolo, Lily, Paco Zambrana, Antonio Jiménez, Antonio Usieto y Jesús.
Distancia recorrida: 16 km.
Desnivel acumulado: 780 m
Desayuno en el Bar Las Cumbres en la carretera a Molvízar. Buena atención y buen pan. A 3€.
Después de 10 días de lluvia estábamos deseosos de salir. Nos inclinamos por la excursión de Ítrabo a La Guindalera para que pudieran venir Fini y Antonio Muñoz, nuestros compañeros granadinos, aunque por desgracia sus labores de abuelos no les permitieron participar.
En Ítrabo hay un gran
aparcamiento a la entrada del pueblo y otro en la parte de arriba. Este último
nos hubiera ahorrado unas buenas cuestas, pero preferimos cruzar el pueblo para
conocerlo siquiera un poco. Del aparcamiento entramos en la calle del pueblo
que va hacia arriba, al norte, y de una calle, pasamos a otra, a otra… muchas,
una tras otra, todas en cuesta ascendente, así que las indicaciones para entrar
y salir del pueblo son ir de una calle a otra siguiendo la máxima pendiente.
Dejamos las casas siguiendo una
pista hormigonada hacia el Nacimiento por donde se ha trazado también el
sendero PR-A 52 Ítrabo-La Guindalera. Esta pista viene nominada en los mapas
como Camino Antiguo de Guájar, lleva a la derecha el profundo valle del barranco
de Ítrabo y a los lados, de tanto en tanto, algunos almendros que encontramos
en plena floración.
Los repechos eran constantes y
fuertes, y claro, en una mañana más bien calurosa pronto sobró toda la ropa de
abrigo y hasta cayeron algunas gotas de sudor.
Del barranco de Ítrabo subía el
ruido del agua. Llevaba un buen caudal y de vez en cuando había algunos saltos,
dos de los cuales los avistamos desde la pista, el segundo bastante alto, bajo
una presa de contención ya cerca del Nacimiento.
En el Nacimiento se unen el agua
que trae el arroyo del Nacimiento con la que sale del manantial. ¡Qué gozo de
agua! Hipnotiza ese caudal discurriendo presuroso. Hay en el Nacimiento una
zona hormigonada con dos mesas de obra y sus bancos. Manolo decía que allí
habían almorzado la última vez que pasaron, mas hoy el suelo estaba encharcado,
dificultando el aprovechamiento de esas mesas. Manolo no renunció tan
fácilmente al restaurante. Con el bastón desatascó un mechinal que había junto
a la primera mesa, el agua comenzó a correr, aunque entraba por arriba.
Dejamos ahí el desatoro y
continuamos nuestra ruta cruzando el arroyo del Nacimiento por una zona
estrecha. Abandonamos el camino principal y tomamos por una pista terriza hacia
el mirador de Bodíjar donde hicimos una parada con las consiguientes fotos teniendo
como fondo las blancas casas de Ítrabo. Un poco más adelante hay un área
recreativa con mesas y pinos, aunque con bastante malas vistas y mucho viento.
Poco nos detuvimos en este segundo mirador y continuamos por la pista terriza
dejando la principal al puerto de La Guindalera por una a la derecha que nos
llevaría al mismo punto por un recorrido un poco más largo, más suave y
desconocido.
En esta parte del recorrido
íbamos por la ladera sur, protegidos del viento, con desniveles llevaderos y,
sobre todo, amenizados por los almendros. Aquí no es que los hubiera sólo a la
vera del camino, eran parcelas enteras vestidas totalmente de blanco o de rosa.
Un trayecto muy agradable por las cabeceras de los barrancos del Pueblo y del
Minchar, ambos hacia Molvízar.
Cuando dimos vista a Sierra
Nevada paramos al Ángelus aprovechando un ribazo al sur que nos protegía del
viento. Un ratito de descanso nos vino estupendamente. Desde allí al vértice de
La Guindalera quedaban menos de 50 m de desnivel. Y entre las casas abandonadas
de la cresta llegamos a la parte alta, aunque no al vértice de La Guindalera
porque hemos estado tantas veces que no ofrece ya ningún atractivo.
De la cresta, por entre las
nuevas parcelas de Calvente, bajamos a visitar el castaño de Jurite. Este
espécimen siempre merece una visita por su enorme copa, por sus ramas acodadas
hacia el suelo y por el perfecto dibujo arlequinado de su potentísimo tronco.
Del castaño seguimos el trayecto
por la zona de Jurite, a piso casi llano por la ladera norte de La Guindalera
desde donde bajaba un chorro de agua por cada cañada a engordar el barranco de
Rendate.
Del puerto de La Guindalera
tomamos el camino hacia Molvízar-Ítrabo hasta una cañada que va al Nacimiento
con un buen chorro de agua donde tomamos a la derecha, descendiendo, hacia
Ítrabo.
Algunos hubiéramos parado a comer
en algún llanito soleado al lado del camino, pero Manolo y Usieto bajaban los
primeros, a buena marcha, hacia las mesas del Nacimiento.
El drenaje que hizo Manolo al
subir había funcionado y teníamos el suelo de las mesas casi seco. Nos sentamos
a una de ellas y, con parsimonia, comenzó el ágape.
Tuvimos chacina de chorizo,
cecina, longaniza, dos tipos de jamón y sardinas en aceite como aperitivo, con
unas cuantas cervezas frescas, más de las que pudimos beber. Pasamos después a
la calabaza como transición a las carnes de ternera con alcachofas, filetillos
tiernos y solomillo al ajillo. Tuvimos que estirar las dos exiguas botellitas
de vino para que nos llegara algo a los quesos, y terminamos con chocolate, té
y orujo.
El recorrido que quedaba al
pueblo, duro por la subida matutina, era ahora llevadero a la bajada. Íbamos
con la idea de tomar un refresco en el pueblo, y en el primer garito que vimos,
el bar A Ca Salva, nos sentamos en la terraza para tomar refrescos y cafés.
Un excelente día marcado por el agua del Nacimiento y de la que bajaba por las cañadas, y por la espléndida floración de los almendros. Hubo alguna sugerencia de subir algún día al cerro de Bodíjar, pero más vale no recordarla porque el cerro no tiene un triste árbol ni senda a la cima.





