viernes, 13 de marzo de 2026

MIÉRCOLES 11 DE MARZO: VÉRTICE GEODÉSICO DEL CERRO DE ÍTRABO Y COMIDA EN SALOBREÑA

Participantes: Fini, Antonio Muñoz, Pili, Paco Ponferrada, Manuel de Rincón, Miguel

González, Manolo, Paco Zambrana, Enrique, Victoria, Paco Hernando, Antonio Usieto, Lucía y Jesús

Distancia recorrida: 7 km.

Desnivel acumulado: 350 m.

Como el miércoles 4, primer miércoles de mes, llovió y no salimos, en este tocaba celebrar la comida mensual. Pili y Paco Ponferrada reservaron en el bar Manolo cerca de su casa de Salobreña.

Bienvenidos a Victoria, Enrique y Paco Hernando que hacía mucho tiempo que no salían.

Desayuno en La Cumbre, antes de llegar a Molvízar. Buen pan con aceite y tomate. Este restaurante nos ha solucionado los desayunos cuando vamos por Molvízar e Ítrabo. Muchas gracias a Jesús que invitó al desayuno celebrando anticipadamente su 80 cumpleaños.

Subimos con los coches al collado que separa el valle de la rambla de Molvízar del valle del río Verde y de allí partimos al sur por un empinado carril, a veces hormigonado, hacia el cerro de Ítrabo omnipresente ahí delante de nosotros. El carril va por la cresta de la loma de Juan Teresa que separa los valles, con unas vistas preciosas tanto al este, a la rambla de Molvízar, como al oeste, al río Verde.

Tomamos la pendiente con calma, siguiendo el carril, siempre al sur, hasta que gira un poco al este para evitar la cumbre del cerro de Ítrabo. Dejamos el carril y atacamos la cercana cumbre y su vértice geodésico que era el objetivo de Manolo. El cerro nos aportó la visión de la blancura de la cresta de Sierra Nevada entre el Mulhacén y el Veleta, al noreste, el Mediterráneo y Almuñécar al suroeste y una muy buena vista de Ítrabo desde lo alto.

Hechas las correspondientes fotografías volvimos al carril para continuar al sur al siguiente objetivo: el cerro del Águila, de menor cota que el de Ítrabo. El ascenso al Águila es muy suave. Ofrece unas vistas muy buenas sobre todo al oeste con Almuñécar allá abajo. Hay en él un punto de despegue de parapentes y cuando bajábamos subía un extranjero con toda la impedimenta del parapente.

El tercer objetivo era un nuevo cerro, innominado, más al sur que el Águila, coronado por un par de enormes depósitos de agua. Que el agua llegase a esas cotas era un poco intrigante. Tuvimos la suerte de que hubiera allí un par de operarios y les preguntamos. El agua viene del embalse de Béznar por una gran tubería y les deja el agua en la cota 400, bombeándola hasta los depósitos para dar riego a todo alrededor: Salobreña, Almuñécar, Jete, Otívar, Ítrabo y Molvízar; una enorme sociedad de regantes dos de cuyos mantenedores fueron los que encontramos al lado del depósito.

Aún había un cuarto cerrillo hacia el sureste, pero consideramos que no nos aportaría mejores vistas y lo dejamos para regresar al collado donde estaban los coches por un carril que iba a media ladera. Entretanto el extranjero del parapente había remontado el vuelo y nos saludaba desde el aire.

Las lluvias pasadas han dejado la tierra ahíta de agua y la primavera está llenando de verdor todas las laderas. Entre ese verdor encontramos tres tipos de orquídeas: Anacamptis papilionacea, y Ophrys fusca y tenthredinifera.

Con los coches pusimos rumbo a Salobreña, detrás del coche de Ponferrada, para ir al nuevo ambulatorio de Salobreña, tremendo ambulatorio aún sin estrenar. Allí, al pie del acantilado del cerro de Salobreña, hay un precioso manantial que echaba un gran chorro de agua. Después nos acercamos al Peñón de Salobreña, en la playa, rodeado de agua y arena. Es un cerrillo pequeño, pero alberga algunas especies endémicas como el Senecio leucanthemifolius, que lo cogimos en flor, y unas grandes matas de cambrón.

Muy contentos con el manantial y las plantas del Peñón, seguimos detrás del coche de Ponferrada que nos llevó al restaurante Manolo.

Pili y Paco son habituales del restaurante cuando están en Salobreña y ellos se encargaron de pedir. Unas cervezas que vinieron con una tapa de boquerón sobre guacamole. Después cuatro raciones de pulpo en salsa, cuatro de migas con pimientos y cuatro enormes bandejas de fritura. Delicioso todo lo que pusieron, con un excelente servicio. Para beber, unos cervezas y otros unas botellitas de Godello. Terminamos con unos postres variados. Excelente restaurante tanto por la comida como por el sitio, al borde del mar.

Para bajar la comida nos acercamos a conocer la casa de Pili y Paco, al borde mismo de la playa, y luego anduvimos el destrozado paseo marítimo que lleva a La Caleta y un trecho más al este al pie de los acantilados.

Día soleado, sin viento, con bonito paseo por las crestas de Ítrabo, con un poco de turismo en Salobreña y con una deliciosa comida. Un día de 10 que agradecemos a Manolo que preparó la ruta y a Pili y Paco que se ocuparon del condumio.

La Ruta

Subiendo al cerro de Ítrabo
Vértice Geodésico del cerro de Ítrabo (723 m)



Ítrabo y la Sierra del Chaparral desde el cerro
Bajando
En la pista de despegue de parapentes en el cerro del Águila

Vistas a Almuñécar
El grupo en el cerro de los depósitos de agua
Sierra Nevada

Llegando a los coches
De paseo por las fuentes de Salobreña


Salobreña desde el Peñón

La Caleta desde el Peñón
Comida en el restaurante Manolo

Paseo por la Caleta




Salobreña desde la Caleta